El último día

lunes, 17 de febrero de 1986

Quisiera saber tantas cosas de las cuales pocas puedo alcanzar mi mano, me gustaría entender mucho más de lo que entiendes tú para así enseñarte que no hay nada mejor que lo que ocurrió.
No puedo olvidar los momentos que se unen por un lazo y que confirman la belleza de lo sucedido, de lo que viene desde antes y de lo que el futuro también se dignó a ver así, porque todos sabíamos lo bien que estaba, y que era la única forma de la cual podía resultar.

Hay razones para cada cual, y puede que nunca conozca las tuyas, pero de todas maneras me gusta que tú conozcas las mías, aunque no te sirvan, aunque tu no quieras ver que sí.
Deja aquel miedo, no hay nada más a qué temer aparte de a lo que tú puedas hacer, tus acciones. Deja aquel pensamiento, deja aquel temor.
No finjas ser fuerte, déjate querer.


La lejanía de lo oscuro opaca el realce que conlleva una reacción, conllevar lo opaco de la luz en la cercanía que alguna vez existió y que tu pequeño niño no logró entender, lo que tu niño pequeño no quiso ver.




Nada de lo que pase ahora podrá volver aquellos segundos de total misterio, de puro momento, el día y la noche carcomen burlándose de que no fueron suficientemente capaces para detener lo que estaba destinado a pasar, y aunque haya sido difícil llegar, igual se hizo y estuvo allí, al igual que tú, porque la única forma posible de sobrevivir y de continuar era poder estar en ese lugar contigo y averiguar la verdad de lo que suponíamos que era. Y la curiosidad en saber que todo estaba bien me asusta. Quisiera no tener que hacer esto.

Puede que yo piense ahora en cómo el camino me desviaba constantemente, en cómo a pesar de ello yo seguí, y en cómo es probable que hubiese sido mejor no haber seguido, pero la verdad es que nada más me queda que tratar de comprender qué pasa contigo, pues para mí todo parece correcto, y aquel travieso camino que igual recorrí, no fue más que la fuerza que logré para poder llegar al fin.
El arrebato de la consecuencia me persigue ahora, pero mis ojos aún se cierran a la posibilidad del arrepentimiento, pues en el fondo tú y yo sabemos que no pudo haber sido de otra forma, y que al final de cuentas, da lo mismo, porque si pudiera el día caer como aquella vez y todo volver a empezar, ni tú ni nadie lo podría impedir.

1 absurdos intentos de comprensión:

anonimo sanhueza dijo...

uno tiene como un instinto que nos lleva a pensarlo todo... y a veces pensamos que lo odiamos y todo... demasiadas posibilidades...

for real?... siempre he estado igual, con unas ganas escondidas de todo...