Si me ves distraída, no creas que te ignoro. Estoy abrazándote en mis pensamientos porque, en la realidad, no puedo.
Y había una de las tapas que no era como las demás, y a mí no me gustó, porque la encontré fome. Había una con una florcita y con unos colores verdes en el fondo, era preciosa, y yo pensé: qué es tonta, debió haber escogido ésta, es muy linda.
Igual a nadie le importó eso, porque andaban en otra onda, de aquí y para allá, sin estar ni aquí ni allá realmente. Ellos sólo "estaban". Al final nadie cachó la hoja que había adentro, de hecho yo tampoco lo hice.
Entremedio del blanco y del Temuco. Yo leía lo de las planicies litorales, y justo ahí fue.
Igual, estuvo espectacular, como en los viejos tiempos. Claro que en los viejos tiempos yo siempre quedaba así, y quizás por eso no disfrutaba tanto, eso mismo me pasó, otra vez, como en los viejos tiempos, en los tiempos viejos en que todos andaban DE AQUI PA LLA y nadie cachaba nada, porque estaban todos en su onda. Pero antes era una onda más grupal y de a poco fueron naciendo las pequeñas ondas indivuduales, tan bebés ellas, pero ahora son todas unas señoritas. No mujeres todavía.
Siempre te encuentro a la vuelta de mi mente, colmado de esquinas.
Y después llegó él, mientras yo dormía. Me levanté y estaba todo en silencio. Yo ya me había levantado antes, porque no escuchaba nada y pensé que todos se habían ido, pero seguían ahí, sólo que ahora en silencio, y no de aquí para allá, sino que aquí y allá, establecidos. Me saludaron muy normalmente, pero no los pesqué, porque ahora yo tenía una onda individual, de ésas que nacieron la otra vez. Una señorita bien tranquila y callada, observadora, perceptiva cuando quiere.
Me encontré uno de los seis, estaba afuera y no junto a los otros cinco, me pareció extraño, pero me fui con él. Nos sentamos en el sillón y se quedó dormido entre mi pelo, le gustaba mi pelo. Luego, fui yo la que me quedé dormida junto a él, él es hermoso, es tan pequeño, se acurrucó en mi mano, un rato después, y su colita se movía, fue demasiado dulce, claro que, todavía no aprende a maullar bien, entonces sus gritos repentinos eran colapsantes.
Fue todo casi igual que antes, pero antes habían más cosas, y menos de otras. Pero yo quedé igual, me sentía diferente, eso sí. Le tomé el gustito y traté de saborearlo bien, porque antes yo no sabía lo que ahora sé. O quizás, simplemente no quería saber.
Es extraño pensar que, en algún momento, sólo seremos pensamientos en mentes de extraños.
Y había una de las tapas que no era como las demás, y a mí no me gustó, porque la encontré fome. Había una con una florcita y con unos colores verdes en el fondo, era preciosa, y yo pensé: qué es tonta, debió haber escogido ésta, es muy linda.
Igual a nadie le importó eso, porque andaban en otra onda, de aquí y para allá, sin estar ni aquí ni allá realmente. Ellos sólo "estaban". Al final nadie cachó la hoja que había adentro, de hecho yo tampoco lo hice.
Entremedio del blanco y del Temuco. Yo leía lo de las planicies litorales, y justo ahí fue.
Igual, estuvo espectacular, como en los viejos tiempos. Claro que en los viejos tiempos yo siempre quedaba así, y quizás por eso no disfrutaba tanto, eso mismo me pasó, otra vez, como en los viejos tiempos, en los tiempos viejos en que todos andaban DE AQUI PA LLA y nadie cachaba nada, porque estaban todos en su onda. Pero antes era una onda más grupal y de a poco fueron naciendo las pequeñas ondas indivuduales, tan bebés ellas, pero ahora son todas unas señoritas. No mujeres todavía.
Siempre te encuentro a la vuelta de mi mente, colmado de esquinas.
Y después llegó él, mientras yo dormía. Me levanté y estaba todo en silencio. Yo ya me había levantado antes, porque no escuchaba nada y pensé que todos se habían ido, pero seguían ahí, sólo que ahora en silencio, y no de aquí para allá, sino que aquí y allá, establecidos. Me saludaron muy normalmente, pero no los pesqué, porque ahora yo tenía una onda individual, de ésas que nacieron la otra vez. Una señorita bien tranquila y callada, observadora, perceptiva cuando quiere.
Me encontré uno de los seis, estaba afuera y no junto a los otros cinco, me pareció extraño, pero me fui con él. Nos sentamos en el sillón y se quedó dormido entre mi pelo, le gustaba mi pelo. Luego, fui yo la que me quedé dormida junto a él, él es hermoso, es tan pequeño, se acurrucó en mi mano, un rato después, y su colita se movía, fue demasiado dulce, claro que, todavía no aprende a maullar bien, entonces sus gritos repentinos eran colapsantes.
Fue todo casi igual que antes, pero antes habían más cosas, y menos de otras. Pero yo quedé igual, me sentía diferente, eso sí. Le tomé el gustito y traté de saborearlo bien, porque antes yo no sabía lo que ahora sé. O quizás, simplemente no quería saber.
Es extraño pensar que, en algún momento, sólo seremos pensamientos en mentes de extraños.

1 absurdos intentos de comprensión:
=O
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